Alonso de Ojeda, el descubridor olvidado.

Alonso de Ojeda, el descubridor olvidado:

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Alonso de Ojeda es uno de esos conquistadores desconocidos al que la historia ha enterrado. Fue el segundo gran descubridor, tras Cristóbal Colón. Viajó con él en su segundo viaje (al mando de una de las naves) y participó activamente en el descubrimiento de oro y en las primeras acciones para dominar los indígenas de la isla La Española. Fue encargado por los Reyes Católicos para supervisar que los descubrimientos del genovés  eran totalmente ciertos. Siguió al tercer viaje de Colón, siendo su segunda singladura a las nuevas tierras. Fue el descubridor de la costa venezolana y colombiana, fundador de Santa Cruz (primer emplazamiento español en Suramérica) y gobernador de Urabá, una de las primeras gobernaciones de Tierrafirme, de la que se desglosó la fundación de Santa María la Antigua del Darién, primera ciudad hispana en América.

Había nacido en Torrejoncillo del Rey, en Cuenca, en  1466 (aunque su familia procedía de Ojeda, cerca de Oña, en la Bureba burgalesa) y falleció en Santo Domingo, en 1516. Perteneció en una familia noble y fue paje y criado del duque de Medinaceli, D. Luis de la Cerda.

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Torrejoncillo del Rey.

Participó en la toma de Granada, donde destacó como soldado valiente y combatió contra las guerrillas moras en las montañas al mando de su señor. Estas tácticas aprendidas son las que usaría en América. Las crónicas nos lo describen como “pequeño de estatura, ágil hasta causar sorpresa y en todos los ejercicios de las armas, maestro consumado; tenía el genio pronto y la vista perspicaz; era valiente hasta la temeridad, vengativo hasta la crueldad, tierno de corazón con los débiles y cortés con las damas; pendenciero y duelista, pero hondamente creyente y por extremo observante de sus deberes religiosos”.

Durante el segundo viaje de Colón exploró la región de Cibao (en la Isla de La Española, actual Haití y República Dominicana), donde obtuvo las primeras muestras del oro de las Indias, enviadas por Colón a los Reyes Católicos, junto con un memorial donde ensalzaba la riqueza de las islas descubiertas. En un curioso incidente en la provincia de Maguana, capturó al cacique local, llamado Caonabó (que se había sublevado) y durante la entrevista que mantuvieron Ojeda le ofreció como regalo unos grilletes de latón. Cuando Caonabó se vio inmovilizado, lo subió a su caballo, lo raptó y se lo llevó ante la mirada de Cristobal Colón.

En 1498 se enemistó con Colón y regresó a España. Aquí el Obispo Fonseca le asignó la misión (en nombre de sus Católicas Altezas*) de comprobar y certificar las actuaciones y descubrimientos de Colón. Fue la segunda persona a la que se le autorizó el viaje a las Indias.  Partió del Puerto de Santa María (Cádiz) el 18 de mayo de 1499. Llevaba una sola carabela y le acompañaban el cosmógrafo Juan de la Cosa y Américo Vespucio, un comerciante oportunista que hacía entonces su primer viaje al Nuevo Mundo y cuyo nombre fue dado a todo el continente descubierto (aunque injustamente, bajo mi punto de vista, ver nota final). Ojeda costeó África, donde se apoderó de una carabela de Huelva, pasó a Canarias y finalmente siguió la ruta del tercer viaje colombino para arribar a la costa suramericana por la Guayana venezolana. Desde aquí subió a la isla de Trinidad donde había estado antes Colón. A partir de este momento realizó su verdadero descubrimiento: Toda la costa de Venezuela hasta Maracaibo. Allí los españoles hallaron unas viviendas tipo palafitos que a Vespucio le recordaban la Venecia italiana y por ello bautizaron el lugar como Venecia Chica o Venezuela. Siguieron costeando hasta el Cabo de Vela, ya en la costa colombiana. Regresaron a Cádiz a mediados de junio del 1500, después de explorar cerca de 3.000 km. de costa. Los resultados de estos descubrimientos (toda la costa venezolana y parte de la atlántica oriental colombiana) se dibujaron en el famoso mapa de Juan de la Cosa, elaborado ese mismo año.

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Ojeda fue nombrado Gobernador de Coquibacoa (tierras entre las actuales Venezuela y Colombia), sin conocimiento de Colón (que era el virrey) y organizó una expedición colonizadora con dos socios llamados Juan de Vergara y García de Ocampo. Partió en enero de 1502 con cuatro navíos repitiendo la ruta anterior. En este viaje fundó Santa Cruz (primer asentamiento español en tierra firme americana) en la Bahía de los Castilletes, a orillas de la laguna de Cosinetas, en la Guajira venezolana. En 1503 regresaron a La Española por desavenencias entre los socios, siendo apresado Ojeda, aunque salió absuelto en el juicio subsiguiente. Santa Cruz fue abandonado.

En 1508 se celebró la famosa Junta de Burgos en la que se acordó la colonización de Tierrafirme, dividiéndola en dos gobernaciones, la de Veragua (actual Panamá y donde se fundó la primera ciudad americana: Santa María la Antigua del Darién) y la de Urabá o Nueva Andalucía. La última de estas le correspondió a Ojeda (Veragua fue para Nicuesa) y es la actual costa colombiana comprendida entre el Cabo de la Vela y el Golfo de Urabá.

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Ojeda reunió cuatro barcos y 220 hombres y partió de Santo Domingo el 10 de noviembre de 1509 en compañía de Juan de la Cosa. Cerca de la actual Cartagena de Indias desembarcaron, siendo emboscados en el poblado de Turbaco, donde murió el famoso cartógrafo Juan de la Cosa. Más adelante, en el Golfo de Urabá, fundó el cuarto emplazamiento español en Tierrafirme, el fuerte de San Sebastián de Urabá. Antes se habían fundado el poblado Santa Cruz (3 de mayo de 1502) por el propio Ojeda, el de Belén por Colón (en 1502, en las costas de Veragua) y el poblado de Nombre de Dios, por Diego de Nicuesa, también en Veragua. Todos ellos tuvieron una existencia efímera, siendo destruidos por los indios.

En Urabá las condiciones de vida eran pésimas y fueron atacados por los indios, armados con flechas impregnadas en curare (un veneno mortal). El propio Ojeda fue herido en una pierna, aunque pudo salvar su vida tras obligar al cirujano a que le aplicara sobre su herida dos hierros al rojo vivo. Para contener la hemorragia fue necesario gastar una pipa de vinagre. De los 300 hombres iniciales solamente quedaron con vida 45. Ojeda partió en una nao (que pasaba por allí) en busca de víveres, dejando al mando a Francisco Pizarro (futuro conquistador de Perú).  La nave que acogió a Ojeda iba llena de bandidos, dirigidos por Bernardino de Talavera, que decidieron ir a Cuba en vez de a Santo Domingo, para eludir la justicia. Allí naufragaron y cruzaron a pie toda la isla, desde el oeste hasta el oriente, donde fueron acogidos por los indios (posiblemente cerca de la actual Santiago). Desde allí se pidió ayuda al gobernador de Jamaica, Juan de Esquivel, que envió una nave con Pánfilo de Narváez. Se ejecutó a Talavera y a sus seguidores y Ojeda viajó hasta Santo Domingo. Ojeda vivió aquí,  como monje, hasta el año 1516, cuando murió pobre y mandó que le enterraran bajo la entrada de la iglesia de San Francisco (primer monasterio del Nuevo Mundo), para expiar sus pecados al ser pisada su lápida por los creyentes que acudían a misa. Su tumba despareció en 1963, durante unos disturbios en la Republica Dominicana.

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Restos del Monasterio de San Francisco.

Los hombres que habían quedado en San Sebastián de Urabá, al mando de Francisco Pizarro, debían resistir durante cincuenta días hasta que Ojeda volviera, cosa que nunca sucedió, como hemos visto. Como comandante quedó entonces Martín Fernández de Enciso, quien había llegado con algunos refuerzos (Balboa estaba entre ellos, al haberse colado como polizón) para tratar de salvar la situación. Fue entonces cuando Vasco Núñez de Balboa sugirió que la población del fuerte se trasladara al oeste del Golfo de Urabá, territorio que conocía desde 1501, por ser esas tierras más fértiles y menos peligrosas. Al llegar a esa nueva región los españoles se encontraron con el cacique Cémaco y hubo fuerte resistencia por parte de los indígenas. Los españoles prometieron entonces a la Virgen de la Antigua, venerada en Sevilla y Logroño (Enciso era de Arnedo), que de salir triunfantes en la batalla, darían su nombre a la nueva población que querían fundar. Cémaco fue vencido y en septiembre de 1510, cumpliendo con la promesa, el nuevo poblado fue llamado Santa María de la Antigua del Darién. La iglesia, la primera en Tierrafirme, se ubicó sobre la vivienda de Cémaco. El primer alcalde mayor de la ciudad fue Martín Fernández de Enciso. Santa María fue la primera ciudad, propiamente dicha, de América. Balboa fue su gobernador después de destituir a Enciso. No consintió esclavitud ni encomiendas en estas tierras, al contrario que Colón, que era un defensor del esclavismo en su parte del territorio. Finalmente Balboa fue relevado cuando el Rey Fernando procedió a nombrar como gobernador en propiedad para toda Castilla de Oro a Pedrarias Dávila (un hombre que merece un libro), quien llegó a la ciudad en 1514 con una expedición de casi 2.000 personas. Pedrarias fundó la nueva ciudad de Panamá, como capital de Castilla del Oro/Urabá en 1519, siendo abandonada Santa María en 1524. En 1957 los arqueólogos dieron con la ubicación de sus ruinas, concretamente en el municipio colombiano de Unguía, departamento del Chocó. Una capilla se levanta sobre la antigua primera iglesia española en América continental.

Durante los primeros años de la conquista/descubrimiento de América por los españoles nos encontramos con la interacción de numerosas personas que convivieron en unos tiempos convulsos, donde buscaban aventuras y sobre todo riquezas, que en la España postreconquista no estaban al alcance de estos segundones procedentes de familias hidalgas o de la baja nobleza. Algunos fueron crueles, otros magnánimos, pero todos eran hijos de su tiempo. Sus actitudes y comportamientos no eran para nada parecidos a nuestras costumbres e ideas actuales. En los primeros 30 años de la conquista americana tenemos a Colón, Ojeda, Juan de la Cosa, Pizarro, Balboa, Nicuesa, Pedrarias Dávila y Américo Vespucio. Una época corta pero llena de nombres, antaño famosos y hoy totalmente olvidados. Todos ellos merecedores de alguna película, sin duda.

 Nota final: El porqué del nombre de América: Américo Vespucio era un comerciante italiano (naturalizado castellano en 1505) que colaboró en la logistica de los dos primeros viajes de Colón. Consiguio ser nombrado Piloto Mayor (daba clases de navegación) en la Casa de Contratación de Sevilla, aunque parece ser que sus conocimientos eran más bien escasos. Realizó dos viajes a América, uno de ellos con Ojeda, de los que dejo testimonio de la navegación y la observación astronómica. Parece que muchos de sus datos fueron copiados de otras expediciones, pero sus escritos alcanzaron fama. En uno de sus últimos viajes escribió una carta con el título “Mundus Novus” (Mundo Nuevo) en la que aparecían mapas y relatos que ponían en duda de que aquellas tierras nuevas que habían sido descubierta no se tratasen de Asia (como afirmaba Colón), sino de un nuevo continente. Con tantos descubrimientos que se estaban dando en la época se reeditó la “Cosmografía de Ptolomeo”, ya que por aquel entonces era la única obra geográfica que se tenía, así es que para grabar y trazar los nuevos mapas se llamó al cosmógrafo alemán Martin Waldseemüller. Éste, acordándose de una de las cartas de Vespucio (publicada en 1504 en Augsburgo) fue la responsable que Waldseemüller hiciese llamar a este Nuevo Mundo, América, en honor a Américo Vespucio, ya que lo consideraba como el verdadero descubridor de América. Desde el 25 de abril de 1507 este Nuevo Mundo fue bautizado como América quitándole todo el prestigio a Cristóbal Colón para que llevase su nombre, aunque éste nunca lo supo, ya que falleció un año antes. A cambio Francisco Miranda, para remediar esta injusticia, pensó en llamar Colombia a una parte de aquellas tierras en honor a Colón.

(*) Hasta la llegada a España de Carlos I de España y Emperador de Alemania, el titulo de Majestad no era poseido por los reyes penínsulares, al ser privativo solamente de los Emperadores. Por lo tanto su tratamiento era el de Alteza. Muchas peliculas y libros suelen ser poco rigurosas en estos aspectos cuando se refieren a los reyes medievales españoles.

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