La Batalla del Mazucu

En septiembre de 1937 las tropas nacionales llegan a la frontera asturiana oriental. Después de conquistar sin demasiadas dificultades el País Vasco y Santander (gracias a su superioridad y a la traición del PNV vasco a la Republica) las tropas del General Dávila se aprestan a enfrentarse a las tropas de la Republica en Asturias. El plan de Dávila, jefe del ejército franquista del Norte, consistía en una operación combinada en la que Asturias sería atacada desde la frontera santanderina y desde León en una operación envolvente. El Mar Cantábrico era dominado por el crucero Almirante Cervera (apodado el chulo del Cantábrico) y su escuadra. Los restos de la flota republicana, que todavía no habían desertado, estaban confinados en Gijón (puerto del Musel) con el destructor Císcar, un torpedero y un submarino clase C. El día 5 los sublevados llegan a Llanes y el 8 a Peñamellera. Su plan es avanzar hacia Arriondas en dos puntas de ataque, una por la costa (alto de la Tornería) y otra por el sur del Cuera, por el valle del Río Cares. Aquí se desarrollara la Batalla del Mazucu, la más sangrienta de las batallas de la Guerra Civil en todo el frente Norte.    Desde el día 8 al 20 de septiembre 38.000 hombres se enfrentaron en las cumbres y repechos de la Sierra del Cuera, en medio de un clima desapacible, frío y lluvioso.

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El campanario de la capilla del pueblo del Mazucu. La campana es la ojiva de un proyectil de artillería de 155 mm.


Por parte nacional se contaba con unos 33.000 soldados, 14 baterías de artillería, una sección de blindados, un grupo de artillería alemán y el apoyo de dos grupos de bombardeo y tres escuadrillas de cazas de la Legión Cóndor, aposentados en el aeródromo de Llanes, reforzados por dos grupos de caza y uno de bombardeo de la aviación nacional. Las tropas de tierra estaban al mando del General Solchaga agrupadas en las Brigadas Navarras  I (por la costa y la Tornería), IV (por la costa de Llanes), V (Sierra del Cuera) y VI (valle del Cares y sur del Cuera).

Por parte gubernamental el mando republicano se sitúa en la frontera con Santander con dos divisiones A y B, inicialmente al mando de los Tenientes Coroneles Ibarrola y Galán, que intentaron reorganizar el frente y recuperar las deshechas unidades republicanas, para lo que contaron con la ayuda de la División asturiana de Luis Bárzana, que se había replegado con orden, a pesar de sus grandes pérdidas en la defensa de Santander.  La división A, en Llanes, contaba con las Brigadas Móviles I y II y con la 156. La División B, en Arenas de Cabrales, contaba con las Brigadas 184 (Manolín Álvarez) , 192 (Higinio Carrocera) y 199. Las 184, 192 y la 156 Brigada Vasca (Miguel Arriaga) llevaron el peso de la defensa en el Cuera y fueron las más castigadas. Fueron reforzadas por las Brigadas 179 (Ladreda), 185 (Manuel Alonso) y 191 (Mayor José Fernández). La escasa artillería estaba bajo el mando del Comandante Flórez, la defensa a.a. no existía, dejando a las tropas a merced de la aviación nacional y sumándose el bombardeo naval con proyectiles de 15,24 cm. (45 kg. de peso) del crucero Almirante Cervera. La aviación consistía en dos escuadrillas de caza, con una de ellas constantemente protegiendo Gijón, su apoyo fue testimonial. En la zona del Mazucu-Cuera nunca hubo más de cuatro brigadas republicanas operando a la vez, con unos efectivos disminuidos y un total de unos 4.500 hombres. A pesar de la superioridad en material y hombres de los nacionales, los combates duraron 12 días.

Las escarpadas cumbres y empinadas laderas eran un enemigo más para los dos bandos y los republicanos se aferraron a sus posiciones con una determinación pocas veces vista en el Frente Norte hasta aquel momento. Los dos bandos derrocharon valor y sangre, incluso reconociendo los méritos del enemigo, tanto los defensores como los atacantes. Las bajas totales (aproximadas, ya que no hay cifras oficiales de esta olvidada batalla) se cifran en unas 8.000 nacionales (2.500 muertos) y 3.500 republicanas (1.500 muertos).

 LA BATALLA:

El día 6 las Brigadas Navarras avanzan hacia sus objetivos, siendo detenidas en el Puerto de la Tornería y la Sierra Llabre (que se alza entre el mar y el alto) por la 156ª Brigada Vasca. En Cabrales los hombres de Manolín Álvarez detienen a la V brigada Navarra. En el Mazucu los vascos de esta Brigada, la mayoría anarquistas, socialistas y comunistas (los del PNV aquí no vinieron), se portaron como unos buenos soldados, dejando de lado la fama que arrastraban desde el comienzo de la guerra en el norte. La respuesta del mando nacional fue intensificar los bombardeos aéreos y artilleros.

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Los alemanes practican aquí por primera vez el bombardeo en alfombra. El vuelo a baja cota entre altas montañas les costará dos bombarderos, uno abatido cerca de Llanes y otro (un Do 17) derribado por el fuego de fusilería que le hacen los soldados del batallón 222 (el antiguo Izquierda Republicana) en la zona de Peñas Blancas (peña situada encima de la aldea del Mazucu). En el Alto de la Tornería tenemos un monolito que recuerda los nombres de los cuatro alemanes tripulantes del aparato. Aunque se lee mal eran: Oberleutnant Hans-Detlef Von Kessel, Unteroffizier Hans-Günther Hein, Unteroffizier Waldemar Schnell y Obergefreiter Waldemar Krüger.

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En las cercanías hay otra estela dedicada a los defensores republicanos, con un poema de Miguel Hernandez. ” Aunque el otoño de la Historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido, jamas renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños”. Por desgracia la gente poco respetuosa con la Historia ha pintarrajeado los dos monumentos, levantados en recuerdo de todos estos hombres.

El día 7 se estabiliza el frente y Dávila comprende que debe conquistar el Cuera para proseguir el avance. Un batallón Navarro (Bandera Coruña) es diezmado en su asalto a Peña Turbina (máxima elevación de la Sierra, 1.315 m.). En la zona oriental (Mazucu-Tornería, Biforco) además de la Brigada Vasca y el Batallón de Infantería de Marina (situado en Peña Blanca), combatían los batallones asturianos 227 (Mártires de Carbayín), 237 (Piloña), 242 (Guerra Pardo), 220 (Gordón Ordax , apodado“ recula “por retirase sin motivo más de una vez), 234 (Somoza), 211 (Tino), 219 (Galicia), 232 (Máximo Gorki núm. 3), 256 y el 165. Son reforzados por el Batallón 233 (Bárzana)y la 192ª Brigada Móvil de Carrocera, compuesta por los batallones 210 (Carrocera), 207 (Onofre) y 214 (San Emeterio).  Carrocera, con su chaquetón de cuero y su cayada organiza la defensa, supervisándola desde el frente en persona, enfrentándose en una ocasión (el día 12) a un batallón completo (el 220º, recula) en desbandada y haciéndolo regresar al frente. Ese día la Legión Cóndor comienza a lanzar bombas incendiarias, al no ser tan efectivas las rompedoras normales y ametralla a baja cota a los indefensos republicanos, que responden con fuego de fusilería.

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Desde el Alto de la Tornería, mirando al oeste. A la izquierda Peña Blanca, en el centro, abajo, está el pueblo del Mazucu y  la derecha de las motos estaría Sierra Llabre.

El 8 de septiembre, día de la Santina, se intensifican los combates, produciéndose un avance en la zona de Peñamellera (sur del Cuera) y aguantando la zona del Mazucu, todo ello con grandes pérdidas por los dos bandos. El batallón 207 (Onofre) recupera terreno y el Sargento Elías Álvarez se apodera de una ametralladora y de un fusil ametrallador y el Soldado Eximio Álvarez se hace con una bandera monárquica, pero su unidad queda diezmada. Las bajas se acumulan en los dos bandos, por ejemplo la División A republicana pasa a tener ese día unos efectivos de 1.734 soldados, cuando hace poco tenía 6.000.

El día 9 comienza con los aviones y la artillería machacando las posiciones del Mazuco. Ante el castigo el Batallón 219 (Galicia) abandona la posición que ocupaba a la izquierda de la carretera (Sierra de Biforco, entre el alto de la Tornería y el Cuera) y también se  repliega parte del 214 (Emeterio). Con la retirada, por estar diezmados, de los Batallones 207 y 214 la situación de los hombres de Carrocera, en el norte del Cuera, se hace muy difícil, aunque muchos de los hombres útiles pasan a reforzar la posición del Batallón Bárzana. Carrocera recibe, para reforzar su diezmada brigada, los Batallones 247 (Sangre de Octubre) y el 220, con lo cual la línea aguanta. Ese día, a la altura de Nueva de Llanes es derribado un avión de transporte republicano que enlazaba con Francia. Los cazas Fíat CR–32 ametrallan el avión, que se estrella, muriendo su piloto, Abel Guides, que fue uno de los primeros pilotos voluntarios que formaron la escuadrilla internacional “España“y seguía combatiendo a favor de la República cuando la mayoría de los pilotos internacionales habían desaparecido. En la zona del Cuera llueve con intensidad, lo que dificulta los movimientos de los navarros y de los defensores. La V Brigada de Navarra entra en Llonín. La IV de Navarra queda detenida en la costa antes de llegar a Niembro. Al sur del Cuera la VI Brigada Navarra es sustituida por los soldados de la Agrupación Moliner y marcha a concentrarse en Llanes, de donde será llevada a la parte norte del Mazucu. Los dos mandos tácticos republicanos sobre el terreno, Ladreda y Carrocera, el primero comunista y el otro anarquista, se complementan bien evitando protagonismos personales o políticos. Cosa rara en aquella época.

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Pico Turbina, desde el alto de la Tornería, mirando al sureste.

El día 10 en la Tornería, los soldados de la I Brigada de Navarra avanzan entre la niebla y después de una dura lucha se apoderan de la Sierra de Biforco, pero sin alcanzar Sierra Llabres (a la izquierda), que es la llave de la defensa del Mazucu. Desde su mayor altura los hombres de Carrocera baten la zona, pero los navarros conservan tenazmente el terreno conquistado. Aquí se inventa una nueva arma, los bidones de carburo son rellenados con dinamita y después de prenderles una mecha se dejan resbalar por las laderas hacía las posiciones enemigas. Fue poco efectiva como arma, pero psicológicamente era aterradora. Parte de las tropas de Carrocera protegen el Pico Turbina y enlazan con las de Manolín por Arangas de Cabrales. Las fuerzas de la Brigada vasca, las de Carrocera y las de Ladreda tendrán ese día, por primera vez desde el día 6, alimentos calientes y algunos relevos. Peña Turbina se convierte en la línea más importante de defensa en la sierra del Cuera. Con sus 1.315 m domina la zona con pendientes de más de 1.000 metros de caída. A retaguardia está Peña Blanca (1.176 m.) sobre la aldea del Mazucu, defendida por el Batallón de Infantería de Marina, integrado en la Brigada mandada por Reola. Esta unidad está formada en realidad por las dotaciones de los buques republicanos abandonados en Santander y no son verdaderos infantes, aun así aguantarán en Peña Blanca hasta el final, sobreviviendo solamente una pequeña parte de los hombres. El coronel Sánchez González, de la V Navarra no puede proseguir el avance por la carretera que bordea el río Cares hasta Arenas de Cabrales. El encajonamiento de la ruta y las continuas curvas permiten la defensa republicana, que cuando pierde una línea, la reorganiza 50 metros más atrás con los mismos obstáculos que ha dejado en la anterior. Ya no es suficiente flanquear la sierra del Cuera y es necesario tomarla. La ascensión de los navarros no va a ser fácil, tienen que subir su impedimenta y la artillería de montaña a lomos de mulos. Los caminos, que no son más que angostas trochas, son una trampa por la que se despeñan soldados y acémilas. Y como estos animales son muy importantes, los cañones acaban siendo subidos a brazo por los artilleros, mientras detrás de ellos las compañías de zapadores, trabajando sin interrupción, construyen una pista para ganado y abastecimiento. Desde Llanes sale la VI Brigada de Navarra para operar al norte de la sierra del Cuera sobre Peñas Blancas. La V por el sur y la VI por el norte pretenden ser las pinzas de una tenaza que aplaste la defensa del Cuera, pero en ese día 11, el tiempo sigue siendo malo y la aviación apenas puede operar sobre la zona, por lo que la línea defensiva permanece estable a pesar del continuo bombardeo de la artillería.  La dureza del terreno es igual para los dos bandos, y así en la zona de la V Brigada de Navarra los convoyes de alimentos tardan treinta y seis horas en llegar a las primeras líneas y cuando se termine la pista que se está construyendo, el tiempo de las expediciones se hará solamente en dieciocho horas. Continúan los violentos combates nocturnos por parte republicana para reocupar las cotas abandonadas durante los bombardeos diurnos nacionales…esto será una tónica en toda la batalla. Los batallones gubernamentales son reducidos a un tercio de sus efectivos por el intenso combate, algunos quedan con 70 hombres solamente. Los nacionales sufren bajas menores.

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Desde el Mazucu vista del campo de batalla. A la izquierda de la Sierra Biforco se encuentra el collado del Alto de la Tornería (con los dos monumentos). Más a la izquierda se alza Sierra Llabre (o Cabezo) que cortaba la subida al Mazucu. Al fondo el Turbina y encima del pueblo, a la derecha, el Peña Blanca.

El día 13 la IV Navarra asalta desde el Biforco a Sierra Llabres, en la Tornería. El Batallón Valladolid (de la V Brigada) está a punto de conquistar el Pico Turbina, siendo rechazado por un contraataque de los soldados de Carrocera con granadas. En la retaguardia republicana se suceden las luchas políticas y comienza a sentirse el miedo al desmoronamiento del frente. Se planea una nueva línea defensiva en el Sella y en los puertos de montaña.

Los días 14 y 15 son el comienzo de la caída del frente. La I Navarra ocupa Sierra Llabres (la llave del sector norte, que permite el avance por la costa y la Tornería), Peña Villa (flanco norte del Mazucu) y la aldea del Mazucu. Sólo resiste la Sierra del Cuera, con el Pico Turbina y el Peña Blanca, las zonas más elevadas y escarpadas. Los republicanos de este flanco se retiran en orden hacia Debodes y Meré, en la línea que marca hoy en día la carretera AS 115. El día 15 Carrocera ordena la retirada del Pico Turbina al ser rebasados sus dos flancos (norte y sur). La V Navarra ocupa la cima, lugar de tantas muertes y combates. Los navarros avanzan por fin por la carretera de Cabrales a Onís hasta Mier. Peña Blanca y el batallón de marinos quedan como un saliente en las líneas republicanas. La nueva línea en la zona, apoyando a los marineros, es defendida por la Brigada 187 (Máximo Ocampos), la I Brigada montañesa y los Batallones 241 (Silvino Morán) y 247 (Sangre de octubre).

Dieciséis batallones nacionales atacan las tres cumbres del Peña Blanca.  El día 16 son rechazados tres ataques sucesivos de entidad batallón (800 soldados). El día 17 el mal tiempo impide el vuelo de la aviación, pero entre la lluvia, asalta el Batallón Zamora, siendo rechazado con grandes bajas. Sobre las crestas que defienden los republicanos caen los cañonazos de la artillería y los proyectiles de los morteros de 81 mm. En las alturas la llovizna se transforma en nieve. Las condiciones del terreno son expresadas por el Teniente Coronel Martínez Iñigo en un informe que reproduzco: “Los combates se desarrollan en un terreno dantesco, difícilmente imaginable, rocoso y lleno de obstáculos, con apariencia de paisaje lunar hasta el punto de carecer del más insignificante sendero. La lejanía de la carretera impide el apoyo de la artillería, la lluvia y la niebla, el de la aviación”.

El 18 tres ataques nacionales son rechazados, a pesar de estar apoyados por numerosa aviación. Un ataque llega a tener 36 cazas y bombarderos haciendo la cadena (ametrallamiento en fila india continuo) siendo rechazado en cuanto la aviación deja el cielo.

El día 22, después de siete días de resistencia ininterrumpida y de sufrir decenas de ataques de infantería, artillería y aviación, la loma de Peña Blanca es conquistada por la VI Brigada Navarra. Se contabilizan 100 cadáveres de marineros republicanos sólo en la cumbre, entre las trincheras excavadas a mano en la roca viva. Aquí se terminó la batalla más dura de todo el Frente Norte. El 21 de octubre caen Gijón y Avilés, terminando así la Guerra Civil en estas tierras. Hoy en día, caminando por estos caminos y cumbres todavía aparecen restos de cartuchería y proyectiles de artillería, testigos mudos de un pasado, no tan lejano, que esperemos nunca vuelva a repetirse.

 Nota: Parte de la información sobre la batalla está basada en los textos de Juan Antonio de Blas (“La guerra civil en Asturias” Ed. Silverio Cañada), seguramente el estudio más documentado sobre este  desconocido combate.

 

 

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